El Infarto en la Farmacia VIP: La Receta del Karma

Publicado por Planetario el

Bienvenidos a todos desde Facebook. Hoy conocerán cómo negar una pastilla por soberbia terminó destruyendo la carrera de un gerente clasista.

Un Frasco Inalcanzable

El aire acondicionado de la farmacia de lujo enfriaba el sudor del anciano de 90 años. Con su camisa amarilla muy vieja y su rostro frágil y afeitado al ras, intentaba aferrarse a un frasco de medicina. Sus ojos sin gafas suplicaban, pues su pecho le ardía con las primeras punzadas de un ataque cardíaco.

El gerente de 30 años, con su bata blanca y corbata azul, no vio a un paciente. Su rostro limpio de barba y gafas solo proyectaba elitismo. Le arrebató la medicina con violencia.

«Esa pastilla cuesta cinco mil pesos. Lárgate, viejo rastrero, que con ese menudo tuyo no compras ni un curita.»

Un Corazón Fallando

El anciano cayó de rodillas. El dolor en su pecho era un trueno.

«Doctor, sálveme. Mi corazón está fallando, présteme la pastilla que mañana mi hijo me manda los cuartos.»

La respuesta fue un empujón despiadado hacia la puerta.

«¡Vete a infartarte a la calle! Me estás ensuciando la farmacia a los clientes que andan en yipeta.»

El Título Maestro

El dolor del anciano fue superado por una furia letal. Con las últimas fuerzas de su cuerpo, sus ojos sin lentes se clavaron en el gerente. Sacó de su camisa un grueso pergamino notariado y rompió la cuarta pared con una mirada implacable.

Era el título maestro de propiedad. El viejo no era un vagabundo, era el dueño de la plaza comercial y de la franquicia maestra de farmacias. Realizaba visitas de incógnito para ver cómo trataban a los ancianos sin recursos. De inmediato, sus guardaespaldas entraron, le suministraron la medicina de emergencia y arrestaron al gerente. El abusador fue despedido sin prestaciones y demandado por omisión de socorro.

Jugar a ser Dios con la salud de los demás te puede costar tu propia vida profesional. La medicina es para salvar, y cuando dejas que el dinero ciegue tu humanidad, firmas tu propia destrucción.


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