El dueño de un club VIP que demolió su propio negocio por humillar a un violinista

Publicado por Planetario el

Bienvenidos a los lectores que vienen desde Facebook. Aquí les cuento cómo este arrogante empresario vio su imperio convertirse en escombros.

El frío de la madrugada calaba mis huesos, pero el dolor en mi pecho era mucho peor. Las luces de neón del club iluminaban los pedazos de madera de mi violín regados por el asfalto. El hombre de 34 años me miraba desde su pedestal de arrogancia, con la piel rígidamente afeitada al ras y sus ojos sin gafas destilando crueldad.

El desprecio hacia el arte y el dolor

No le importaron mis lágrimas ni mis años. Él permaneció totalmente estático e inmóvil de cuerpo y rostro mientras hablaba con violencia:

—¡Deja de hacer ese ruido espantoso! Lárgate, viejo asqueroso, mis clientes de las yipetas no quieren escuchar tu basura.

Mi corazón se detuvo. Junté las astillas con mis manos temblorosas. Permanecí totalmente estático e inmóvil al responderle:

—Comando, me mató en vida. Ese violín tiene ochenta años conmigo, era el único recuerdo de mi esposa fallecida.

La burla final

En lugar de sentir compasión, soltó una carcajada despiadada que resonó en la acera. Permaneció totalmente estático e inmóvil mientras me humillaba aún más:

—¡Cómprate otro con las monedas que pides! Viejo estúpido.

El dueño del terreno

Me levanté lentamente, guardando un trozo del violín en mi bolsillo. Mi tristeza se transformó en una calma helada. Saqué de mi saco el título de propiedad original de los terrenos donde operaba su discoteca. Sus ojos sin lentes se desorbitaron al ver el documento. Permanecí totalmente estático e inmóvil al clavarle la mirada y darle la noticia:

—Me rompió el violín de mi difunta esposa por maldad. Traigan los tractores y demuelan este club ahora mismo, soy el dueño absoluto de este terreno.

En cuestión de horas, la maquinaria pesada destrozó la fachada de lujo por incumplimiento y violación a las cláusulas del propietario. El empresario se quedó en la calle, llorando sobre los mismos escombros donde rompió mi violín.

Moraleja: La crueldad hacia los ancianos y la destrucción de lo que otros aman siempre atrae una ruina inevitable. Quien se ríe hoy de las lágrimas ajenas, mañana llorará al ver su propio orgullo aplastado.


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