Me reí en la cara de una niña con las manos llenas de grasa. Fui un completo imbécil.
Llevaba un mes con mi Bugatti inservible. Tenía un ruido infernal en el motor que nadie, ni los «mejores expertos» de la ciudad, lograban encontrar. Todos me decían lo mismo: el motor está frito, te va a costar una fortuna. Por pura desesperación terminé en un taller de mala muerte Leer más
























